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¿Qué es lo que espera allá afuera? [Pasado | Éric]

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¿Qué es lo que espera allá afuera? [Pasado | Éric]  Empty ¿Qué es lo que espera allá afuera? [Pasado | Éric]

Mensaje por Shauna Koch el Lun 16 Sep 2019 - 15:33

Wuah.. se me hizo algo tarde ya.. — La vista de la chica repasó en el cielo, dejando ir un soplo de leve agotamiento.

El cielo empezaba a ceñirse en un tono anaranjado conforme el sol se iba escondiendo a lo lejos. Ese día, había pasado extrañamente rápido para la joven druida quien tomó resolución a partir de la seguridad de Istar, su hogar, un sitio del que no había salido una sola vez en los 19 años de su aún inexperta vida. Sin embargo, eso acabaría aquel día.

No, no importa, no pienso echarme para atrás, ya me he despedido del abuelo y de todos los demás, ¡Tengo que hacerlo! — Dedicándose a sí misma esas palabras, se le vio con un aire renovado, mientras, sus pasos continuaron avanzando con firmeza a través de la larga planicie por la que estaba compuesta aquella tierra sagrada. A lo lejos podían apreciarse algunas estructuras de piedra lisa inclinadas hacia fuera, como pilares formados en torno a bellos árboles de enormes raíces, poblados sus alrededores de diversas y coloridas flores de cautivadoras fragancias que se extendían gracias a la suave brisa del atardecer.

Ahh.. echaré de menos este aroma.. — Sus párpados se cerraron con suavidad por unos instantes, inspirando con tranquilidad el dulce aire, permaneciendo en sus labios una leve sonrisa hasta dejar ir el aire desde su boca. El borboteo de la criatura viviente en su mente llamó su atención, volteando la vista a la aparente nada, aún así, para ella él estaba ahí. — ¡Así es!, No puedo irme sin antes rezar en los altares de las diosas por última vez.. ya que.. bueno, después lo haré donde sea que me halle. — Dijo al aire, esbozando una sonrisa nostálgica.

Aún sin partir, le era difícil no ser invadida por la nostalgia. El decir adiós a todo lo que conoces a veces puede ser algo que no todos están dispuestos a hacer.

La caminata de la joven druida retomó sus pasos, siendo cuestión de unos pocos minutos más antes de finalmente hallarse frente a los altares que por siglos se habían mantenido en su belleza. Tras detallar su mirada en los altares, finalmente se postró ante ellos, cerrando sus ojos una vez más, entrelazando sus dedos y guardando silencio, dejando que el único sonido existente fuese el de la brisa meciendo con suavidad las hojas y flores.

Segundos de silencio pronto se transformaron en minutos, llegando a ser una hora entera. La joven druida abrió los ojos lentamente, observando que el tono anaranjado del atardecer se había ya desvanecido y el firmamento ahora prevalecía en su oscuridad, adornado por las estrellas resplandeciendo en él.

Vaya.. ahora sí que se me hizo tar-.. ¿Uhm? — Elevó ligeramente su mano, hasta dar con su nariz, olfateando sutilmente el reverso de su mano; inevitablemente, aquel aroma floral se había adherido a su cuerpo, siendo ahora emisora de aquella dulce fragancia. — Debe ser un regalo de las diosas, ¡De seguro esto es una buena señal! — Mencionó, convenciéndose a sí misma de lo que parecía ser no más que una mera casualidad, era realmente algo especial sin lugar a dudas.

Con emoción, la chica se incorporó del suelo, ocupando en su rostro una linda sonrisa mientras agradecía a las diosas por haberla escuchado. Finalmente, se dio la media vuelta, retomando sus pasos hacia la dirección en la que su aventura tomaría lugar, el tiempo pareció desaparecer para la joven, sin saberlo, se hallaba ya frente a la puerta de piedra que conectaba el exterior con esa tierra escondida a la simple vista del resto de los clanes. Sin pensarlo una segunda vez, atravesó la puerta con un largo paso, viendo del otro lado nada más que otras cuantas formaciones de piedra aquí y allá. Dio unos cuantos pasos adelante y observó detrás de sí. Solo estaba aquella estructura de piedra, todo lo demás que había visto durante tanto tiempo, simplemente ya no estaba.

Supongo que debo explorar un poco más, no por nada nunca nos han encontrado los otros clanes, heh. — Se le escapó entonces una pequeña risa. Armada de valor, curiosidad, y una bolsa con algunas de sus preparaciones para que el hambre no le fuese un problema emprendió su caminata, sin saber realmente a dónde ir o en dónde terminaría, de cualquier forma, se sentía segura de que todo saldría bien… sí... bien.
Shauna Koch
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Mensaje por Éric Von Halen el Lun 16 Sep 2019 - 21:54

Correr era algo que le encantaba a aquel hombre de cuerpo delgado y buena altura, que, con sus cabellos blanquecinos, avanzaba rápidamente por aquel espeso bosque, saltando entre piedras y árboles caídos. Era extraño, pero estaba sudando, puesto que el esfuerzo que estaba usando era bastante. No esperaba que aquellos hombres fuesen lo suficientemente rápidos como él, aún con esas armaduras pesada y gigantes, que le recordaban al hombre que había conocido en el castillo, cuyo nombre era Azael. Furtivo e inspirado, surcaba el aire con grandes saltos. En su hombro derecho colgaba un pequeño maletín, que portaba tesoros robados por ese ladrón y sinvergüenza. No tardó en notar que el sol ya no estaba ahí, y sin embargo, luego de una hora de una carrera infernal, sus enemigos seguían a menos de cien metros de su posición cambiante. Le causaba rabia, puesto que eran varios y enfrentarlos, sería una muerte segura en el acto, o la horca en plena ciudad.
 
Bajó una pequeña ladera de una montaña abaratada de árboles y al estar en la superficie plana, recordó sus aventuras en las cercanías del bosque del rey hada. Se extrañó, puesto que pocas zonas así había y la mayoría guardaban secretos, pero no se detuvo, siguió, ya con la oscuridad en el terreno, guiándose por su vista acostumbrada a esas horas. Pero un pulso en su nariz le dio un giro inesperado, yéndose a la derecha, bordeando la montaña y luego regresando a las estepas. En la lejanía, una jardín dorado y frugal, que le ofrecía un sinfín de olores divinos. Sonrió, era feliz en aquel sitio. Pero estando ya en las ruinas, su olfato notó otro que le causaba más admiración, emoción, excitación. Se relajó, unos segundos, y luego emprendió una larga carrera por la superficie plana, de pasto corto y verde primaveral. Y no tardó en dar con esa persona. Era una chica. No reparó en su forma o vestimenta, sus fosas nasales sólo le llevaban a ella. Y dando grandes saltos, llegó hasta ella. Tenía los ojos cerrados, así que no vio su reacción, sólo habló.
 
— Las diosas te alaban, plantándose de rodillas ante ti, las hadas te llenan con su glamur, y las ninfas te llenan de su aroman celestial. ¿Por qué no había conocido tanta belleza antes?
 
Ahí, estaba plantado. Mientras quitaba su mochila y la colocaba sobre los pies de la muchacha que aún no veía. Bajó la cabeza. Y no tardó en escuchar voces a la lejanía.
 
— ¡Ella viene con él! Atadlos, y matadlos si se resisten.
 
Sonrió. Sabía que esos tipos no se darían por vencidos, no se detendrían hasta obtener lo que él había tomado. Se levantó y se estiró. Abrió los ojos y ahí le miró, y una sonrisa le dedicaba.
 
 — Hueles bien. Ahora, esos tipos de allá te seguirán, y te matarán. Pero si me sigues, vivirás, ¿Qué dices? No creo seas de por acá, nadie pasea por estos prados a estas horas. Tenemos cama y comida. Es… Una taberna, por ahora sencilla. Pero será un gran imperio.
 
La sonrisa la mantuvo, aún cuando se agachaba para tomar su mochila. Y empezó la carrera nuevamente. Los caballeros sagrados que le seguían eran cuatro, no le habían visto el rostro a él, ni a ella, por lo que no podían ser buscados por el reino. Sin embargo, no podía evitar interesarse en esa chica.
 
— Es en serio, te matarán. Sígueme, y podrás quedarte cuanto quieras… Tenemos pan.
 
En sus adentros, pensaba que sus palabras eran muy convencedoras.
 
Pero uno de aquellos caballeros era aquero, y no tardó en lanzar flechas, hacia ambos, pero dado la lejanía, ninguna dio en su objetivo. La taberna no estaba muy lejos, así que esperaba que s ella le seguía, él le esperaría para presentarla antes Lev y los demás miembros. Por ahora, se preocupaba más en salvarse, jadeando y respirando fuertemente.
Éric Von Halen
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Mensaje por Shauna Koch el Mar 17 Sep 2019 - 19:30

Solo había atravesado una puerta, y tras de ella se hallaron cosas nuevas por montones para la joven druida. El cielo oscurecido por la noche, mas atestado de la luz de las estrellas no había cambiado, observarlo traía seguridad para ella; no es como si lo hubiese estudiado, ni comprende con experticia las constelaciones o sus significados, simplemente aprendió a admirar lo basto de éste y su infinita belleza.

Seres luminosos como pequeñas estrellas que habían descendido a la superficie terrenal, revoloteaban con vigor, como una alegre danza que dedicaban a todo quien las viese. — Qué lindo.. — Observaba con fascinación mientras sus pasos avanzaban insonoros por el césped acariciado por la suave y helada brisa de la noche, siendo nada más que una sensación acogedora para la caminante. Pronto habría descubierto el final de la ladera sobre la que había estado caminando, siendo ésta particularmente elevada. No es precisamente un lugar del que saltarías teniendo una complexión física frágil, pero, la joven se hallaba lo suficientemente motivada como para no sentir duda o temor. Apoyando su diestra contra el suelo y ayudada de sus pies descendió la ladera sin mayor problema, más que ensuciar un poco su mano y… tropezar torpemente con una piedrilla hasta dar con el césped.

¡Auch! — Exclamó la joven. A pesar de que el impacto fue bastante leve, su rostro terminó dando de lleno contra el suelo. El verde manto acariciaba su piel con ternura, realmente parecía un buen sitio en el cual tomar una siesta para ella, pero, no, no era momento de estar durmiendo por ahí. Con sus manos se ayudó para separar su rostro del cómodo césped, sacudiendo ligeramente la cabeza de un lado al otro. — Bueno, fue un pequeño contratiempo.. ahora.. ¿Por dónde debería segui..r — Se interrumpió a sí misma al ver tan solo las piernas de una alta figura estática justo en frente de ella. De algún modo lograba mantenerse tranquila ante la repentina aparición de aquel sujeto. Tras incorporarse y retroceder un par de pasos pudo ver el rostro de aquel peliblanco.

¡Oh, ho-... — Intentó saludar, pero encantadoras palabras viniendo de los labios del hombre la hicieron guardar silencio por unos instantes. Un leve rubor se posó en sus mejillas, era consciente del mismo. Su mano fue hasta su rostro, cubriéndolo, mientras éste se volteaba un poco al lado para evitar verle al rostro por la momentánea confusión que había generado en ella. Una voz espetó a la lejanía palabras que la volvieron a la realidad, — ¿“Matadles”? — Pensó rápidamente, volviendo su vista al de alba piel, viendo en su rostro una sonrisa, mientras en el propio se formaba una expresión incómoda. No hubo tiempo de pensar el por qué estaría siendo perseguido, una vez más, el sujeto decidió hablar, finalmente mirándole, inevitablemente cruzando sus miradas.

No quiero sonar irrespetuosa contigo, pero, siendo honesta, no me inspiras ni un poquito de confianza con eso que dices. — Se ayudó en hacer énfasis de ello, manteniendo una leve separación entre su índice y pulgar, mirándole fijamente con evidente desconfianza en sus entrecerrados ojos. Aún si aquella invitación resultaba atractiva, continuaba sin ser un motivo suficiente para confiar en él. El peliblanco reiteró que no era seguro antes de emprender carrera en dirección contraria a la de aquellas voces a lo lejos.

Ir contigo tampoco parece la opción más segura.. — Murmuró — De seguro si dialogo con ellos llegaremos a enten- — Una flecha pasó justo enfrente de ella, haciendo ondear sus cabellos con brevedad. Su rostro palideció. — Al parecer no van a atender a razones.. — Tomando un hondo respiro, y sin pensarlo mucho más, echó a correr lo más rápido que pudo en la misma dirección que el peliblanco. Era más que seguro que por su pobre estado físico no podría alcanzar a aquel sujeto, sin embargo, mientras pudiera seguirle la pista, era suficiente.

Por otro lado, su mente trataba de pensar en una razón que la pudiese convencer del por qué estaba en una situación como esa — “Es una prueba, sí, están poniendo a prueba mi devoción, de seguro es eso” — Y así, a pesar de que su cuerpo no toleraría correr demasiado, correría lo que fuese necesario para que ese no fuese el principio de su fin, aunque tal vez ya era demasiado tarde.
Shauna Koch
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Mensaje por Éric Von Halen el Miér 18 Sep 2019 - 23:21

Estaba convencido que su velocidad iba a ser buena para alcanzarle rápidamente. La estepa no era muy larga, así que en unos metros más allá, encontró una especie de abismo corto, un escalón natural que apenas superaba el metro, y dada la oscuridad de la noche, si no se observaba bien, cualquiera podría lanzarse pensado que hay más piso cuando está realmente esa caída. Su vista provista por su mismísima raza, le ayudó a captar esto, caer en un salto y mirar hacia atrás. La suerte esta vez le acompañaba, puesto que una cueva segura que esperaba. No era profunda, pero conservaba la latencia de la sombra inconfundible, que le resguardaría de aquellos caballeros que buscaban su cabeza. Así que no dudó en entrar a esta y… ¿Esperar? Para nada. El techo de esta cueva era el suelo del camino que había trazado con sus pies hasta ese sitio, por lo que escuchó las pisadas rápidas de alguien. Reaccionó de inmediato para salir de esa cueva y halar al ser que encima de él caería en el acto: Era una bestia salvaje, de su tamaño y deforme,
 
— ¡Ay, que mierda! Vaya cosa más fea.
 
La empujó inmediatamente y tosió, el olor que cargaba era horrendo, hasta para él que estaba acostumbrado a esperar en lugares pocos saludables a la espera de matar a sus presas. Esta saldría cojeando del lugar, luego de que Éric le diera un golpe en una de sus patas. Se relajó, viendo a la bestia marcharse y las luces de una ciudad cercana en el horizonte, estaba lejana. Pero cuando nuevamente fue a esperar, unas pisadas, acompañadas de un agite de huida fueron captadas por su oído. Y no tardó en alzarse de nuevo y esta vez observar. Era ella.
 
— ¡Ven! Apresúrate, no tardarán en llegar.
 
Esperó a que viniese con él, y se fue hasta el fondo, sin saber si ella le acompañaría, y por tercera vez, esas pisadas. Escuchó el retumbar de las armaduras contra el suelo llano.
 
— ¡Maldita sea! Eh, mirad, está ahí, parece que se hirió. ¡A por él!
 
Se levantaron y fueron atacando a la bestia, masacrándola en un espectáculo sin igual, donde el efecto sonoro de los chirridos de ese entre y las espadas entrando en su piel le ocasionaron un estupor hasta él, que ya había asesinado antes de una forma tan vil como aquella.
 
— ¡Carajo! Han de estar adelante, seguid.
 
La orden del más viejo era latente y se cumplía sin refutar. El resto seguía sus pasos y su camino hasta un nuevo bosque que se habría paso, lugar que era el lado contrario al que él se dirigía. Al voltear, suspiró. Estaba aliviado, porque por lo menos esa noche viviría. Se fue hasta la entrada de la cueva, ignorando en cierta forma a la chica y viendo a esa bestia hecha añicos, en un montón de huesos y sangre.
 
— Vaya… Ni yo me esperaba eso.
 
Se sentó en la entrada, mirando hacia arriba. Colgaba aún la mochila con los tesoros. Y volteó a verle a ella.
 
— ¿Estás bien? — Realmente no le preocupaba, sólo no quería tener que ayudarle en caso de que estuviese herida. Pero no dudó en dedicarle una sonrisa, mientras empezaba a señalar. — Por allá hay lobos extraños que te comen vivos, por ese lugar, bandidos caníbales, un destrozo total. Y yo voy a esas luces, la ciudad. No creo aún que seas de por acá, así que si quieres… Puedes quedarte, gratis, cuanto quieras, hasta que veas necesario. ¿Te parece? Te acompañaré.
 
Tampoco le importaba si tenía o no donde quedarse, o el destino de su viaje, si es que realmente estaba viajando. Por su mente un destello había pasado antes: “¿Y si la uso para atraer clientes? ¡Qué gran idea la puta madre!”, pensó, y con una emoción oculta en su seriedad, había ofrecido aquello. Se levantó y se pasó las manos por las nalgas, limpiándose. Estaba preparado para continuar, como haciendo que no le interesaba tanto que ella le siguiese.
 
Lo cierto, es que ese olor que aún carga encima, lo llenaba, le encantaba, lo apasionaba… Y quería sacarle provecho.
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Mensaje por Shauna Koch el Jue 19 Sep 2019 - 21:42

No quería correr, quería dejar las cosas en claro con aquellos caballeros. No tenía muy en claro qué era lo que aquel sujeto había hecho, y de cualquier modo, no metería lo suficiente su nariz como para indagar en sus motivos, pero,  —“¡¿Qué hizo para que lo quieran matar?!” — Principalmente se preguntaba, qué tan malo habría sido lo que hizo como para que ella terminara implicada en esa persecución de aire asesino por parte de aquellos hombres armados que perseguían al poco confiable peliblanco, en serio, ¿A quién cree que va a convencer ofreciéndole pan?. Aquel pensamiento, de alguna u otra forma le resultaba ofensivo hacia su persona.

“¿Acaso luzco como una muerta de hambre para él?, Para su información, me alimento ¡Muy bien!, ¡Hmp!” — Y ahí estaba ella, alegando cosas en su mente, molesta por las insinuaciones del aquel peliblanco, mientras, pequeñas gotas de sudor empezaban a hacerse visibles sobre su frente. Definitivamente su estado físico no estaba hecho para estar corriendo a toda la que diese.

Consecuencia de lo mismo, su respiración se volvió prontamente agitada por la falta de costumbre a ello. Sus pulmones empezaron a achicarse, generando un dolor punzante en el pecho que nunca antes había experimentado. Sus manos fueron a la altura de su pecho, tratando de apaciguar aquella molesta sensación, a su vez, sus ojos se cerraron por unos instantes. Una vez los hubo abierto nuevamente, le había perdido la pista aquel sujeto.

Ay no… — Masculló con voz casi insonora, sin detener su carrera. Unos cuantas zancadas más adelante, y sus pies dejaron de percibir la tierra bajo ellos. — ¡AH! — ¡PUM!. Cayó de pompa contra el suelo. La caída no fue particularmente elevada, pero, de algún modo, eso siempre duele como el diablo.

Ay.. ayay…. — Sus ojos se cerraron con fuerza en un intento de soportar el dolor, asomándose pequeñas lágrimas mientras acariciaba su trasero buscando aliviar ligeramente el dolor, ya saben, “Sana, sana, colita de rana, si no sana hoy sanará mañana.”, Su abuelo se lo había enseñado. Ya en estado de alerta, volteó inmediatamente al escuchar esa voz, ahí estaba él, adentrado en lo que parecía ser una pequeña cueva, aunque lo suficientemente amplia como para ser usada de escondite. Sin pensarlo mucho tiempo, hizo caso y entró.

No tomó más que unos segundos, las pisadas furiosas de los perseguidores se escucharon aproximarse, para su suerte, siendo completamente pasados por alto. — Ah.. bien.. — Dijo, dejando ir su soplo ligeramente más aliviado, mientras continuaba intentando recomponerse entre cortos jadeos, buscando recuperar el aire perdido en carrera. Sin embargo, aquel alivio pronto sería reemplazado por horror.

Agónicos llantos eran emitidos por una criatura pocos metros más adelante, producto de aquellos caballeros que blandieron sin escrúpulo ni duda alguna sus armas contra aquel ser, que pronto se vio reducido a nada más que una bruma de carne picada, sangre y huesos. Con sus manos cubriendo su boca logró aplacar un grito de espanto, que de haber sido oído, posiblemente hubiese sido su condena. Una vez la vida de aquel ser había sido erradicada, los caballeros continuaron en busca de ellos dos, guiando sus pasos más adelante, en dirección a quién sabe dónde.

Una pregunta le fue dirigida, volteó a verle, con el espanto aún tallado en su rostro. — ¿Te parece que estoy bien?.. — Las lágrimas que se habían asomado con anterioridad resbalaron ahora por sus mejillas. Sus ojos se cerraron, y sus manos una vez más se vieron entrelazadas, ignorando lo que aquel hombre decía por unos momentos, dándose tiempo a sí misma para calmarse y procesar lo que había visto.

Así que esto era de lo que hablaban.. — Entre sus labios se escapó un suspiro ligeramente amargo. Empezaba a sentirse un tanto escéptica ante el concepto de belleza que le habían descrito con anterioridad de aquel mundo exterior, aunque quería creer que simplemente era una prueba. Una prueba que de algún modo u otro, tendría que finalizar para poder seguir apreciando el mundo que hubiese por delante.

Lo digo una vez más.. no me generas confianza.. pero no me siento segura aquí afuera, te seguiré por el momento.. — Contestó, secando de sus mejillas aquellas cristalinas lágrimas, incorporándose, dispuesta a seguir al peliblanco, ahora estando con una expresión más seria, que realmente no terminaba de encajar con la lindura de su apariencia.
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¿Qué es lo que espera allá afuera? [Pasado | Éric]  Empty Re: ¿Qué es lo que espera allá afuera? [Pasado | Éric]

Mensaje por Éric Von Halen el Vie 20 Sep 2019 - 14:56

Y contra todo pronóstica, ella acepta. Tú le miras y le das una media sonrisa, piensas que es una chica muy inocente como para seguir a un visible criminal, en una temprana noche de clima templado y aire liviano. Pero eso te da curiosidad, ¿Cómo puede una chica buena, aún en desconfianza, seguir a un desconocido de esa forma? No lo sabes, así que dejas de pensar en ello para seguir delante de acuerdo con lo que tienes previsto desde antes. Te tomas un momento para caminar hacia ella, inspeccionar que no era un daño fuerte y te sientes aliviado, no tendrás que llevar a alguien en tus espaldas hasta la taberna. Pero en un acto de extraña empatía, extraes un pañuelo de tu chaqueta y lo dejas en tu mano. Es bordado de lana, suave, de un color esmeralda y que podía brillar a veces con la luz, dado de lo hilos de plata que le atraviesan por los lados, otro robo que se quedó para ti mismo dado el aroma que con el tiempo había perdido ese pañuelo.
 
— Tienes un espíritu muy liberal, no altanero, pero independiente. ¿De dónde eres? Ah, al sitio que vamos es seguro, aún en la noche, es tranquilo… Bueno, depende. — Recuerdas que a veces te ha tocado botar borrachos por la ventana y te detienes de hablar por un segundo. — No te voy a mentir… — Suspiras un momento y sigues. — Es una posada, de alto porte y distinguida clientela, tenemos habitaciones y todas las comodidades, está cerca, ahora bien. — Te acercas a ella y te agachas un poco para quedar frente a frente, alzas la mano y pasas el pañuelo por su rostro. — Pierdes el gran encanto que llevas con ese grácil llanto. ¿Crees extraño que esté interesado en ti? Saber, tengo curiosidad… Yo lo veo como una sublime suerte que el destino nos ha impuesto.
 
Se levantó y empezó la caminata hacia las luces. La taberna en ese entonces estaba ubicada en un pueblo, muy céntrico entre cada uno de los puntos de interés, castillos y ciudadelas del reino, así que encontrarla no era muy difícil, pero a la vez no era tan fácil. De esa forma, los caballeros sagrados no llegaban nunca a ese sitio, así como era difícil acceder al bosque del rey hada o al dominio de los druidas. En ese punto ya no mirabas atrás, confiabas en que te seguiría, y no fueron muchos metros los que caminaste para llegar finalmente a una pequeña loma que dejaba ver claramente esa taberna que parecía estar muy activa a esas primeras horas de la noche. Aún no volteas, pero hablas, sintiendo la brisa rozar tu piel y levantar un poco tu cabello.
 
— Eh ahí nuestro destino. ¿Qué te parece? No es bueno viajar a estas horas, por los evidentes peligros, pero en el día es tranquilo. Podría ayudarte con eso… ¿Te parece bien?
 
Estás satisfecho, no has usado la fuerza bruta esta vez para conseguir que alguien te acompañas a tu lugar de trabajo, esa señorita parece ser diligente y recatada. Crees que será un buen aumento en las visitas de la taberna y además, que servirá como mesonera o atendiendo, y que Lev estará feliz por tu hazaña, aparte del robo. Sin embargo, sientes que ella necesita más seguridad y no sabes realmente cómo dársela, puesto que rogar era poco necesario y al llegar allá, se haría evidente que mientes en muchas de las cosas que has hablado. Pero tratas de no preocuparte y volteas, algo sonriente, con una notable mueca de cansancio por la larga travesía que tienes desde el día anterior robando esas joyas.
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