♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦ VqvGDdq
Conectarse

Recuperar mi contraseña

♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦ G1fRczD
¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 3 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


Hubieron 29 usuarios en línea en la fecha Sáb 13 Mayo 2017 - 5:21


Lucy
Admin

Azael
Admin

Astrid
Mod

HAWK-SAMA
MASTER

HAWK-SAMA
MASTER

HAWK-SAMA
MASTER
El foro de Nanatsu no Taizai World se reserva todos los derechos sobre las tramas creadas por la administración; el skin ha sido obtenido de Hitskin y modificado para el uso del foro, al igual que las imágenes, los créditos son otorgados a sus respectivos autores. Todas las tablas son creación propia de Azael. Queda prohibido el uso o replica de contenido de Nanatsu no World sin la previa autorización de los fundadores. Di no al plagio.
Hermanos
El secreto de Gambrinus
Afiliados Élite
Crear foro
© TAIZAI NO MASTER

♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦

Ir abajo

♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦ Empty ♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦

Mensaje por Éric Von Halen el Dom 22 Sep 2019 - 23:26

Camelot, la tierra de las mil virtudes, donde la paz ha reinado por años y las sonrisas dan la bienvenida a un paraíso sin igual. Sin duda el reino favorito de Éric, y su ciudad real, el lugar ideal para estar en vacaciones. Y eso precisamente estaba haciendo, una simple visita de verano, solitario y distante, algo pensativo, sintiendo que algo le hacía falta en su vida y que su vida no podía seguir igual. Los años pasaban y él se sentía marcado en un mismo sitio, como si no avanzara, un tiempo absoluto y detenido en un plazo largo y distante, solitario, sin piernas, quedado, aletargado... Estaba vacío, y él no se daba cuenta de ello.

Las largas caminatas sobre las grandes calzadas de la ciudad real lo hacían ver, cabizbajo, tan taciturno y aislado, muy sereno como para ser un criminal. No estaba atento a nada, ya no era impulsivo, ni buscaba matar a la primera presa que viese delante. ¿Degollar? Una vanidad innecesaria, ¿Perseguir? Eso hacen los perros con sus colas. Perdía el flujo de su espíritu y su aire se esparcía hasta el infinito sin volver.

El ambiente era algo frío, una neblina se divisaba al horizonte y la noche, resplandeciente por la luz lunar, lo acompañaba en su pérdida de sentidos. De súbito, una luz apareció sobre él, inesperada y fantástica, de colores rojizos, brillante, tan majestuosa que le hizo retroceder unos cuantos pasos y verla bien. No era más que el letrero que daba la bienvenida a un gran bar, dispuesto con mesas de juegos de azar, una gran barra y diferentes ambientes para las clases sociales existentes en esa ciudad. No dudó en entrar y pasarse por la barra, tomar una copa y ver que se la sirvieran hasta el tope. La tomó y se dispuso a caminar, ver, saborear y olfatear todo lo que estaba su alrededor. Y no le costó dar con un pianoforte, de madera maciza, que iba desde la cola hasta las teclas. Los martillos relucían sobre las cuerdas y él, tan solemne como siempre, con su traje matiz negro y un sombrero que le acompañaba casi siempre, se dirigió hasta este y se sentó en el banquito, colocó la copa en el armazón superior, y empezó.

No solía ser esa, pues, la música que solía escucharse en bares, atípica pero no tan disonante, pues al oído cautivaba. Era una simple petición nocturna al destino, que le proveyese de algo que a su alma le regresase ese suspiro nativo de la misma vida. Su mirada era cegada por sus párpados cerrados, su cabeza iba hasta el techado de ese edificio acogedor y sus manos se movían solas. El sonido ya no era más que las cuerdas vibrando, se perdía en un mundo irreal donde era feliz, sin pesares ni tristezas, y suspiraba lentamente mientras hacía cada vez más intenso el sonido producido por el tacto de sus dedos con el instrumento. Pero no sabía qué quería.

Abrió los ojos y lo primero que vio fue su copa de vino tinto, tan tentativo como la sangre mismo, y por simple afán de ver lo que le rodeaba, su cuello fue movido hacia un lado y su cabeza contempló ese cuerpo natural, penetrado por un aroma singular y sugestivo, tan preciso que le hizo terminar su armonía en una simple melodía, viajando de Do hasta Fa y terminando en Re menor. Devolvió la mirada a la copa y no se contuvo de dar un sorbo a esta. ¿Era esa persona lo que el destino le otorgaba? No lo sabía, pero en su mente pensó con su grandísima idiotez: “¿Me dará un buen trabajo? ¿Uno muy bien pagado? De seguro es eso, se le ve. Lo es, será mi mecenas, y viviré feliz viajando... Aunque, ¿Eso no hago ahora?”
Éric Von Halen
Éric Von Halen


Mensajes : 31

Volver arriba Ir abajo

♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦ Empty Re: ♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦

Mensaje por Elizabeth Drachenblut el Miér 2 Oct 2019 - 0:22


Vamos viento…

Susurra a los demás tus secretos, emite la más tranquila melodía, baila con las hojas que hechizas en tu camino. Oscuridad y silencio, no más puedes sentir, la presencia de aquella diosa plateada escucha las plegarías de las almas arrepentidas a sus pies que, pronto se han de convertir en su carne. Ángeles ciegos sostienen entre sus manos las placas de aquellos desafortunados que ruegan a los cielos el hecho de su pecado. Neblina que poco a poco se desvanecía, deslizándose por las viejas lapidas del camposanto. La hermosa criatura ha de humedecer sus labios con la punta de su lengua, mirando fríamente aquel que, poseía el honor de alimentarle aquella noche. Pronto, le guía la luna resplandeciente, serena, soberbia… con su incomparable blancura entre el manto estrellado. — Más, necesito más… — vestido carmesí se encaracola al son de un ímpetu movimiento. Todavía, lejos de ser una preocupación, simplemente se adentró a las sombras de aquella ciudad, Camelot. E ahí, existía una historia, y de cada historia, un suceso fascinante. Drachenblut siguió un ritmo adecuado entre los callejones, sin preocupaciones o suspicacia, por lo tanto, divisó su santuario en el interior de un callejón despoblado, una ventana abandonada y polvorienta pareciese su resguardo temporal. Ocupando el espacio de un toldo grisáceo que erguía extendido a un metro de la pared, la hermosa criatura se encuentra dispuesta a esperar a su próxima víctima. Aguardó un par de minutos sin presenciar cambios, a solas entre el sonido que recorrían las calles próximas, más las notas recientes de una melodía irregular e incluso, un sonido constante comenzó apocar sus pensamientos.

Pareciese que, en aquella particular ocasión, le fue concedido el privilegio de cruzar con un apetitoso banquete. Elizabeth se relamió los labios, en los que no quedaba ni una gota de sangré. En efecto, una tenue sonrisa ha de escapar de sus labios, tintados de júbilo al son de sus pasos que han de dirigirle a un rimbombante bar. Entre la oscuridad de la entrada, ojos dorados pareciesen que brillan con intensidad, su imponente presencia era capaz de consumir la llama de cualquier vela. Después de todo, no prestó demasiada atención a su alrededor a enseguida de atravesar la puerta; más los hombres eran débiles y vulnerables ante los pecados que acechaban ahí mismo. ¿Qué es lo que podría encontrar en un lugar como aquellos aparte de un aperitivo nocturno? El dirigirse a la barra lo podría considerar primordial, sin embargo, no fue así… Infinita belleza que, oculta se mantenía desde el rincón. ¿Acaso existe un mortal que pudiese comprender el placer de una joven apasionada? Tal vez, es complicado… ¿Es posible percibir el sentimiento que almacena? Miedo, estado arraigado en todo ser, sentimiento que tiende a enfrentar a lo desconocido y que, ha de transformarse en el dulce canto de los ángeles, armonioso lírico. Fascinante era observar la yema de sus dedos que apenas rozaban el marfil, todavía, las teclas son captadas con suma firmeza al son de un segundero. No existía palabra alguna que pudiese expresar el sentir de ojos áureos, tal continua la exactitud y parsimonia, combinación superable. Y si fuese poco, pareciese que la escasa iluminación era suficiente para deslumbrar al ser ajeno. Elizabeth, con porte ligero, sutil, es como si apenas tocase el suelo, se acercó al responsable de hacer regocijar al mismísimo piano.

—¿Eres tú quién fue capaz de abandonar una pieza tan magnifica a su suerte? — Flameado rayo de luz eran sus ojos, más su alma era sombría y gélida —. Vuelve a tocar, rompe el silencio una vez más — sentenció. Quizá, la soledad que a voces dicen mencionar, eran cobijadas por las notas de aquel extraño caballero. Por poco, siente extraviarse entre sus más profundos pensamientos, y si no fuese por las últimas notas débiles, terminaría cayendo en una disputa existencial —. ¿Lo harás? — Cuestionó, esperando en silencio cualquier reacción ajena.


♦ La noche de los pétalos carmesí ♦ Pasado | Elizabeth ♦ Bmy5tU0
Elizabeth Drachenblut
Elizabeth Drachenblut


Mensajes : 9

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.