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Mensaje por Éric Von Halen el Mar 3 Sep 2019 - 22:24

— ¿Pero qué mierda? Éric… ¿Von Halen? Debí escribirlo mal de nuevo. Al carajo con esto.

La capital de aquel reino se encontraba algo lejos, mientras mis pasos se detenían al ver aquella invitación. El sol penetraba directamente, así que llevaba una mascarilla, aparte del sombrero que solía tener de día. Me dirigía en ese momento a la ciudad real por una subasta clandestina, donde se echaba a la venta muchas mujeres, esclavas en su mayoría, para el que las quisiera.

— Ya nada. Ay, que rabia.

Pensaba, mientras avanzaba nuevamente. Al yo haber escrito mi apellido mal, la invitación quedaba invalidada. El enojo era evidente. “Descanso en una posada, y tomo un viaje más rápido de regreso”. Todo eso lo hacía por la taberna, el lugar donde trabajaba, puesto que, en una reunión, se sugirió que más mujeres, con trajes de tendederas, ayudaría a tener más clientela, por ende, ventas, y finalmente muchas más ganancias. Me decidí enseguida en tomar aquel viaje largo hasta esa subasta. Peor todo estaba evidentemente arruinado. O quizás no.

Me desvié en un punto. Había escuchado hace años de una laguna en aquel sitio, de buen aroma y mucha flora, con el agua perfecta para un baño casual. Era temprano, así que acamparía ahí para esperar la noche y así poder disfrutar de aquel líquido esparcido por esa fértil tierra. Y en un par de horas ya me encontraba ahí, viendo la laguna en la lejanía. El pardo era hermoso a la vista y el agua cristalina, perfecta para la ocasión que se presentaba. El aire fresco y liviano, limpio, acompañado de los sonidos naturales de la vida silvestre. Me lancé al pasto y me relajé boca abajo por un rato. Al reincorporarme, vi a la lejanía una figura. Pequeña, rubia, de piel clara y cuerpo delgado, de lado parecía ser un mismísimo ángel. Era hermosa, una niña, en apariencia, pues sus halas me daban a entender que era algo más que eso. Lo que más me atrajo, fue el olor a narciso que llevaba en su ser, que me sería provechoso para alimentación, pero aún más como parte de la taberna. Estaba completamente seguro que llamaría la atención e muchas personas y harían de ese lugar, un gran punto de encuentro.

Me fui acercando poco a poco. Tanta ternura en un ser espléndido, que deslumbraba su belleza en plena luz del día, me emocionaba. “¡Ella! Irá conmigo, sí”, pensé, y estando detrás de ella, di dos pasos hacia adelante, colocándome a su lado y hablando, con un tono calmado, serio y directo. Mi cara no conservó rastro alguno de amabilidad, sólo la inmutable seriedad que desde siempre me acompañaba.

— Saludos señorita. Veo que pasea por este paraíso terrenal en soledad. ¿No estaría interesada usted en un trabajo con garantías y lleno de oportunidades? Seguro social, protección y un horario flexible, con trato amable… Y compañeros de calidad. ¿Qué le parece? Gozaría de muchos privilegios y contará con un salario fenomenal. Sólo tiene que acompañarme, y creo que no hay más.

Le miré directamente a los ojos. No era la mirada que una persona otorgaba a otra para convencerla a hacer algo, evidentemente, pero era la única que me gustó usar en esa ocasión. En mi mente, aquel pequeño discurso de seguro la convenció, sin darme cuenta que fui lo suficientemente sacado de onda como para que ella saliese corriendo sin yo saber el por qué. Pero no me preocupé por ello, desde luego, la seguridad que mantenía en mí lo superaba todo. Así que antes de que respondiera, saqué un paquete de tabacos de mi chaqueta y desviando la mirada hacia el lago, pregunté.

— ¿No hay problema si fumo uno?

Nuestros cuerpos estaban en dirección a aquella masa de agua, a unos cuantos metros, con el sol en la espalda, de esa forma, ningún rayo ultravioleta se acercaba a mi piel. Era el escenario perfecto para una cita romántica y un sueño frugal en eventos pasionales. Sólo que estaba ahí yo, un ser apático en primera instancia, y ella, un hada que paseaba con tranquilidad, siendo interrumpida por un ser extraño. Todo era posible y nada se hacía lejano a suceder, la moneda estaba oscilando en el aire esperando caer y dictar la suerte de aquellos eventos prontos a suceder.
Éric Von Halen
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Mensaje por Eliana el Miér 4 Sep 2019 - 19:58

El agradable viento de la tarde hacia bailar las hojas de los frondosos árboles a un ritmo constante, como si siguieran una música que sólo ellos conocían mientras; la brillante luz del sol, ni muy fuerte, ni muy débil, bañaba alegremente aquel paisaje tan pacífico. Una joven rubia de baja estatura se encontraba sentada sobre una roca. Entre sus manos sostenía el mango del paraguas mientras que observaba, con mucha dedicación, las aguas cristalinas del hermoso lago.

Eliana, con un gesto algo somnoliento, dejó escapar un breve bostezo lo cual provocó que lágrimas se acumularan en las comisuras de sus ojos. Automáticamente tomaría la sombrilla con su mano izquierda y con la derecha se frotaría un poco la cara. Se notaba que el sueño lentamente estaba ganando terreno y si seguía sentada allí, sin mover ni un solo músculo como ya venía haciendo, era más que seguro que terminaría durmiéndose. Soltando un suspiro se dispuso a levantarse y comenzar a caminar alrededor de la orilla del lago. Lo que más le agradaba de aquel lugar era la tranquilidad que le transmitía. A estas horas no había mucha gente que asomase la nariz por estos lares, y eso era perfecto. Sus ganas de interactuar con otros se encontraban en la increíble cifra de… cero. "Crack". El sonido del craquear de una rama perturbó la tranquilidad que la rodeada y de inmediato puso todos sus sentidos en alerta. ¿Ya no estaba sola? Levantó su sombrilla varios centímetros buscando ver mejor al recién llegado. Una parte mayor de la cara de la rubia quedó descubierta al sol. De reojo pudo contemplar como unas piernas se acercaban a ella. Finalmente levantó su sombrilla todavía más. Los rayos solares iluminaron sus ojos turquesas y todo su rostro ahora revelado.

No tardó en analizar las facciones del desconocido que se le acercaba y este le dedicó una mirada seria, ella le regresó una indiferente. No obstante, pese a no mostrar emociones en su rostro, en el fondo estaba exasperada por la interrupción de su paz. Frunció ligeramente el ceño al escuchar el aburrido monólogo del muchacho. ¿Acaso le estaba vendiendo una publicidad barata? Entrecerró sus orbes ya resignada a socializar mientras con un ademán de sus manos sellaba su parasol. Avanzó unos pasos manteniendo una clara distancia entre ella y el extraño para luego soltar – No. – Respuesta simple pero clara. Apoyó la punta de su parasol sobre el suelo y miró por arriba de su hombro al albino. – ¿Acaso me ves cara de estúpida? Oh, vaya, creo que quien tiene esa cara eres tú. Te recomendaría tomar clases suplementarias si tu objetivo era arrastrarme a algún lugar contigo. – Comentó con un tono monótono como si estuviese recitando algo a la fuerza. Notó que sacaba unos cigarros teniendo un evidente propósito. Resopló internamente y caminó un poco a la vez que abría de nuevo su sombrilla. La colocó sobre su hombro obstruyendo la vista del chico hacia ella. Saltaba a los ojos que lo ignoró soberanamente.


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Mensaje por Éric Von Halen el Jue 5 Sep 2019 - 18:45

Le llamó la atención la respuesta que le daba la hada, con una negación seco y luego un insulto, y esa caminata para alejarse: Iba a ser algo complicado, y eso le emocionaba. Le quedó mirando de espalda, aquel paraguas le permitía sólo ver las piernas cuando quedaban hacia atrás, y aún con esa seriedad latente y el espíritu de un aventurero desquiciado, fue dando un pequeño trote hasta la posición que se encontraba ella. Por pocos segundos no habló nada y se mantuvo detrás. No pensaba, nada en absoluto. Seguía obstinado en su objetivo de por lo menos regresar con una persona a la taberna que pudiese atraer clientes, y ella era perfecta. Es como si el mundo para él se fuese cerrado en un ciclo único, donde ella y él eran los únicos en existir. Ya no había ruidos, ni sonidos de pisadas, las salpicaduras de agua se perdían en su visión futura, sin pensarlo, sólo actuando.

Finalmente dio unas zancadas para estar de nuevo en su lado, caminando. Le miró. Ella se encontraba a su lado derecho. Ahí sólo pensó que para los clientes les sería complicado ser atendidos por ella, dado su tamaño, más con el suyo que pasaba el metro ochenta y le costaba mantener el cuello de esa forma, pero a la vez le daba por gesticular una pequeña sonrisa al imaginar que, justo ella llegaba hasta las mesas, así que sería justo todo; ella no se agacharía para colocar los platos en la mesa, y no alcanzaría la barra, siendo eso una barrera natural para que no se emborrachara.

— Tu tamaño es perfecto. Sí, lo es. — Se adelantó un poco más para estar justo delante de ella. — Imagínate, tú ahí, siendo la sensación del bloque, la mujer que todos adoran, el modelo ideal de las hadas en una taberna elegante y honorable.

Se interrumpió un momento para darse cuenta de que mentía “A veces… Es un lugar de mala muerte, pero no está mal. No lo está”, y dándose seguridad, continuaba vociferando.

— No tienes que hacer mucho, y… Y la paga es buena…

Y se daba cuenta que era un verdadero fracaso como vendedor, y para convencer no resultaba el mejor, así que buscó jugar con algo que tenía tiempo sin usar. Cuando en un acuerdo, o en un traspaso, había algo de por medio, propuesto por uno de los intermediarios, podría provocar una actitud de aprovechamiento. Así que era simple: Él haría que ella tratase de aprovecharse de él, para conseguir lo que quería. Le pareció un buen plan, un trato justo y una forma de convencer infalible. Y aunque era absurdo, no lo pensó y alzó un poco la voz.

— ¡Ya sé!. Puedes tener algo a tu favor: Haré lo que quieras, si aceptas. Todo todito.

Se emocionaba porque su falsa seguridad le declaraba que salía triunfador, tanto que en su estupidez, mentalmente se la imaginaba en una mesa siendo adulada por todos los presentes mientras las ventas incrementaban, luego a él como un magnate del modelaje, fruto de aquella hada que llegó al estrellato por su labor como manager. Y finalmente, como un millonario, retirado y durmiendo en mucho dinero, sin saber qué hacer con él.

Aunque a su fantasioso plan le faltaba la pieza principal del rompecabezas: Que la hada aceptase ir con un desconocido que parecía un embustero y embaucador, que decía cosas sin sentido.
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